¿Qué pasa cuando nos hacemos mayores?

CROI: ¿Qué pasa cuando nos hacemos mayores?. Un nuevo estudio relaciona los síndromes geriátricos observados en personas con VIH con el recuento nadir de células CD4
Juanse Hernández - 25/03/2014

Durante la pasada la Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas (CROI), celebrada recientemente en Boston (EE UU), se dieron conocer los resultados de un nuevo estudio que arroja algo más de luz a un tema de gran interés tanto para médicos como para pacientes: envejecimiento y VIH. La novedad de este estudio es relacionar los síntomas del envejecimiento –o síndromes geriátricos– al recuento nádir de células T CD4 , es decir al nivel más bajo alcanzado nunca. Así cada 50 células menos en el recuento nádir aumentó de forma independiente las posibilidades de que los pacientes mayores de 50 años, con infección por VIH bien controlada, tuvieran, como mínimo, dos síntomas geriátricos.

Se define como síndromes geriátricos al conjunto de síntomas –entre los que se incluyen la fragilidad o las caídas–, causados por la presencia de diferentes comorbilidades con alta prevalencia en personas mayores y que constituyen el origen de la incapacidad funcional en esta población. En la actualidad, los síndromes geriátricos están acaparando un gran interés entre los investigadores, una curiosidad natural si tenemos en cuenta que los pacientes con VIH se hacen mayores.

Los factores que contribuyen a la aparición de estos síndromes son multifactoriales y no son del todo bien conocidos. Por ello y para arrojar un poco más de luz sobre esta cuestión, un grupo de investigadores de la Universidad de California en San Francisco (EE UU), llevaron a cabo un estudio transversal en personas con infección por VIH controlada. El análisis incluyó a los participantes con VIH de la cohorte SCOPE de San Francisco de 50 años o más y que estaban tomando tratamiento antirretroviral y tenían la carga viral indetectable como mínimo durante los últimos tres años.

Los investigadores determinaron cuántos participantes desarrollaron cuatro síndromes geriátricos bien definidos: caídas –definidas como aquellas producidas en el último año y comunicadas por el propio paciente–; incontinencia urinaria –definida por auto-declaración de acuerdo con el Cuestionario sobre la Incontinencia–; (3) pre-fragilidad y fragilidad –definida según los criterios de fragilidad de Fried–; y (4) deterioro funcional –definido como las dificultades auto-declaradas en las actividades de la vida diaria (por ejemplo, vestirse o bañarse) y en las actividades instrumentales de la vida diaria (ir de compras o hacer las tareas del hogar).

Los investigadores compararon sus hallazgos con los datos pertenecientes a varones inscritos en el Estudio de Jubilación y Salud, una cohorte estadounidense de personas de 50 años o más. A través de un análisis estadístico –regresión de Poisson– se identificaron factores de riesgo de aparición de síndromes geriátricos. El estudio incluyó a 155 participantes con una mediana de edad de 57 años (rango intercuartil [RIC]: 54-62), en su amplia mayoría varones (n=145) de los cuales 124 se definieron como hombres que practican sexo con otros hombres (HSH). Por lo que respecta a la etnicidad, un 63% eran blancos, un 18% afroamericanos y un 19% de otros orígenes étnicos..

Este grupo de pacientes llevaba viviendo con VIH una mediana de 21 años (RIC: 16 – 24) lo que explica que una gran parte de ellos (n=115; 74%) hubiese tomado en el pasado fármacos antirretrovirales de primera generación como por ejemplo zidovudina o los llamados d–nucleósidos: didanosina (ddI), estavudina (d4T) o zalcitabina (ddC).

Los participantes tuvieron un recuento mediano actual de CD4 de 567 células/mm3 (RIC: 398 – 752) y un recuento mediano nadir de 174 células/mm3 (RIC: 51 – 327). El grupo tenía una mediana de 4 comorbilidades (RIC: 3 – 6) y tomaba una mediana de 9 medicamentos aparte de los antirretrovirales (RIC: 6 – 12).

Los resultados muestran que, entre los participantes del estudio, 13 (9%) cumplieron los criterios de fragilidad; 79 (56%) los de prefragilidad; 37 (26%) se habían caído el último año; 35 (24%) tenía incontinencia urinaria; 36 (25%) tenía dificultades con, como mínimo, 1 actividad de la vida diaria y 41 (28%), con 1 actividad instrumental de la vida diaria.

En definitiva, una amplia mayoría (86%) tenían como mínimo 1 síndrome geriátrico mientras que un 54% tenía 2 o más síndromes.

Al comparar los casos con los 8.291 controles ajustados por edad, los investigadores hallaron que las personas con VIH tenían tasas más elevadas de incontinencia urinaria (24 frente al 9%; p<0,001); dificultades con las actividades de la vida diaria (25 frente al 12%; p<0,001), y fragilidad (9 frente al 3%; p=0,009). Sin embargo, se observaron tasas similares en ambos grupos de personas que se habían caído el año anterior (26 frente a 24%).

Se pudieron identificar 3 factores que se asociaron de forma independiente con un riesgo más elevado de tener dos o más síndromes geriátricos: el origen étnico no caucásico se asoció con un aumento del riesgo de un 38% (cociente de tasa de incidencia [ITT, en sus siglas en inglés]: 1,38; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 1,10 – 1,74); el número de comorbilidades aumentó el riesgo en un 9% (ITT: 1,09; IC95%: 1,03 – 1,15); y cada 50 células menos en el recuento nádir aumentó el riesgo en un 16% (ITT: 1,16; IC95%: 1,06 – 1,26). Sorprendentemente, haber tomado en el pasado zidovudina o uno de los d-nucleósidos redujo el riesgo de tener 2 o más síndromes geriátricos un 32% (ITT: 0,68; IC95%: 0,52 – 0,90).

En sus conclusiones, los investigadores señalan que tanto los factores relacionados con el VIH –recuento nadir de células CD4– como los no relacionados con el virus –origen étnico y número de comorbilidades– se asociaron con un incremento del riesgo de desarrollar síndromes geriátricos en esta población de pacientes.

La disminución de los síndromes geriátricos observada en las personas que tomaron en el pasado zidovudina y/o los llamados d-nucleósido –es decir fármacos tóxicos– podría ser, según lo autores, un posible efecto del ‘paciente supervivente’ con VIH a largo plazo, es decir con un organismo menos sensible al deterioro y la toxicidad.

Por lo que respecta a la asociación observada entre un mayor número de síndromes geriátricos y recuento nadir más bajo de células T CD4, los investigadores proponen que el inicio precoz del tratamiento podría tener un efecto protector ante las complicaciones asociadas al envejecimiento.

Además, recomiendan a los médicos un control más estrecho de los pacientes con VIH de edad más avanzada con el fin de prevenir y manejar las comorbilidades y protegerlos de las complicaciones geriátricas. Por ello y dado que una buena parte del manejo de las comorbilidades y los síndromes geriátricos recaerán en el medico de familia sería deseable una mayor coordinación y comunicación entre los diferentes niveles asistenciales en beneficio de una atención integral del paciente con VIH de más edad.

Fuente: NATAP / Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia: Greene M, Valcour V, Miao Y, et al. Geriatric syndromes are common among older HIV-infected adults. CROI 2014. Conference on Retroviruses and Opportunistic Infections. March 3-6, 2014. Boston. Abstract 766.

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