Más antirretrovirales y más cerca de los pueblos

 

Más antirretrovirales y más cerca de los pueblos

 La descentralización de la asistencia es fundamental para reducir la distancia que recorren los pacientes desde las zonas rurales más aisladas hasta los hospitales.

Centro de salud de Chireya. Es uno de las 18 del distrito en los que los pacientes pueden acceder a los antirretrovirales y medicamentos para la tuberculosis. A finales de 2014, MSF traspasa su proyecto en ésta área al Ministerio de Salud de Zimbabue. / SYLVIE AHRENS

En Zimbabue, la mayoría de la población vive en áreas rurales y subsiste gracias al ganado y a lo que ellos mismos cultivan. Las largas distancias que tienen que recorrer los pacientes seropositivos hasta los hospitales suponen una dificultad añadida para poder acceder regularmente a los tratamientos que necesitan. Con el objetivo de que los pacientes no dejen de tomar sus medicamentos, Médicos Sin Fronteras (MSF) inició en 2012 un programa de descentralización en el distrito rural de Gokwa, en el norte del país, con el que se pretende reducir la barrera que supone esa distancia física que hay que recorrer desde los pueblos más aislados hasta los hospitales. Hoy, gracias a este proyecto, la totalidad de los 18 puestos de salud de la zona dispensan antirretrovirales y ya no es necesario desplazarse hasta el hospital general para recibirlos. 

Major Chizanga tiene 39 años y es agricultor. Además de sufrir tuberculosis multirresistente, también es VIH positivo. Está muy delgado y parece mayor de lo que en realidad es. La enfermedad le ha dejado huella. A pesar de su frágil estado de salud, cada dos semanas tiene que caminar 28 kilómetros hasta el centro de salud que la organización tiene en la localidad de Chireya, en el distrito de Gokwa, para recoger el tratamiento antirretroviral (ART) y la medicación que le permite luchar contra la tuberculosis. A pesar de todo, Major siente que tiene suerte, ya que antes de 2012 los pacientes que iniciaban el ART tenían que desplazarse al único hospital del distrito, que estaba situado aún más lejos de su casa, y ninguna de las estructuras sanitarias de la zona podía hacer pruebas diagnósticas para saber si una persona tenía o no tuberculosis.

La gente no se hacía las pruebas por falta de conocimiento o por las largas distancias que tenían que recorrer

“En Gokwe Norte, uno de los cuatro distritos en los que se divide Zimbabue, los pacientes con VIH tenían grandes dificultades para seguir el tratamiento. Es una zona muy extensa en la que un sólo hospital facilitaba antirretrovirales para todo el mundo, lo cual hacía que en la práctica todos los pacientes del área tuvieran que desplazarse hasta allí para poder conseguir los tratamientos que necesitan para vivir. Y eso significa, en la mayoría de los casos, tener que hacer decenas de kilómetros”, explica Alice Otiato, coordinadora del proyecto de la ONG en Gokwe Norte. “Además, vimos que el conocimiento del personal sanitario sobre la gestión de los pacientes seropositivos era muy escaso, así que decidimos ofrecer formación a todo el equipo sanitario del Ministerio de Salud”, añade.

Son muchas las cosas que han cambiado desde el 2012 hasta hoy. Gracias a los grupos de apoyo, se ha conseguido sensibilizar a la población. “Antes no se sabía mucho sobre los tests o el tratamiento para el VIH”, afirma Edmund Kabarapate, jefe de la aldea de Chireya. “La gente no se hacía las pruebas por falta de conocimiento o por las largas distancias que tenían que recorrer hasta el hospital. Incluso había gente a quien le daba mucha vergüenza ir. Por eso no acudían”.

A finales de octubre de este año, el número de pacientes VIH positivos que seguía tratamiento en Gokwe Norte alcanzaba ya los 4.700. Más de 25.000 personas se habían hecho los test de VIH y todo el personal de enfermería de los 18 centros de salud había recibido la formación adecuada para gestionar directamente a los pacientes seropositivos.

“Antes no sabía nada de todo esto”, comenta una enfermera del hospital del distrito. En 2013 se incorporó al equipo de infecciones oportunistas y tratamientos antirretrovirales. Ahora, esta enfermera considera que ya está lo suficientemente preparada como para asumir sola esta responsabilidad. "He aprendido mucho de MSF, les estamos muy agradecidos", dice. De hecho, ella y sus compañeras han empezado a formar a los equipos en otras clínicas.

“Pero, ¿la calidad de la asistencia dispensada seguirá siendo la misma cuando MSF se haya ido?”, se pregunta con escepticismo la hermana Rose, una monja que trabaja en el hospital de la misión católica. Ella reconoce estar preocupada cada vez que piensa en que la colaboración con la ONG está llegando a su fin.

La coordinadora del proyecto de MSF, Alice Otiato, está satisfecha por todo el trabajo realizado, aunque le pesa nostalgia de tener que marcharse de Gokwe, el lugar que ha sido su hogar durante casi tres años. “El hecho de que nos vayamos no me hace sentir incómoda, porque sé que el personal del Ministerio de Salud es muy competente, está bien formado y puede asumir el trabajo perfectamente. Es el momento de que MSF traspase el proyecto al Gobierno y de que su equipo de sanitarios asuma la responsabilidad de atender a los pacientes”.

Además de asesorar y formar a los equipos del Ministerio de Salud, también se ha proporcionado equipamiento para las clínicas. Se dejan instaladas placas solares para las salas de partos, un laboratorio totalmente acondicionado y un generador de repuesto para proveer energía en caso de emergencia. Además, los 18 centros de salud están ahora capacitados para ofrecer un diagnóstico y un tratamiento de calidad de todas las formas posibles de tuberculosis. MSF también donó al Ministerio de Salud un vehículo para atender a los pacientes de las zonas más alejadas de los centros.

Las mejoras de la descentralización traen aún mejores noticias si cabe para Major Chizanga, dado que ahora ya puede recoger su medicación en la clínica pública de Burure. Esto significa que el camino que deberá recorrer para conseguir los medicamentos antirretroviales y contra la tuberculosis resistente que padece va a acortarse de los casi 30 kilómetros que recorría antes para acceder al hospital de Chireya, a los solamente tres que hay desde su casa hasta Burure.

Plantando cara al virus es una serie de cinco historias a través de la cual MSF y Planeta futuro pretenden explicar cómo los programas de VIH han cambiado la vida diaria de miles personas VIH-positivas en Zimbabue. MSF lleva años trabajando en programas integrales de VIH y TB, con un enfoque comunitario. El trabajo se basa en pilares como la simplificación del tratamiento, una nueva redistribución de la atención al VIH entre personal sanitario y no sanitario, la integración de la atención en los servicios rutinarios de salud y la descentralización a zonas rurales.

MSF empezó a trabajar en Zimbabue en 2002. A finales de este año 2014, todas las clínicas en la zona rural de Gokwe Norte – a cinco horas de coche de la capital Harare – serán traspasadas al Ministerio de Sanidad.

En Tsholotsho, al sur del país, MSF implementa desde hace nueve años un proyecto de VIH y TB. Dados los buenos resultados, la organización dejará el distrito en los próximos meses, aunque seguirá tratando a pacientes de VIH y TB en otras localidades del país.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2014/12/26/planeta_futuro/1419606831_987104.html  

 

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