El VIH En Las Américas

Médicos especialistas de la región se reunieron en la ciudad de México para revisar la evidencia más reciente sobre las mejores formas de combatir la epidemia.

 En la conjugación correcta de los verbos detectar, vincular, retener y suprimir está la clave del control de la epidemia del VIH, porque cada uno de ellos representa una fase del proceso continuado de la atención de ese padecimiento: detectar tempranamente a las personas con VIH, vincularlas a los servicios de salud para que reciban tratamiento oportunamente, retenerlas en dichos servicios para monitorearlas con el fin de lograr la supresión de la carga viral, o cantidad de virus circulante en su organismo, a niveles indetectables. La importancia de completar eficazmente todo este ciclo radica en que el tratamiento no sólo tiene un potente efecto terapéutico en la salud de las personas sino que también proporciona un tremendo efecto preventivo en la transmisión del virus. Buena parte del análisis y discusión generada en el Congreso VIH en las Américas 2015, que congregó en la ciudad de México a cientos de especialistas del continente el pasado mes de abril, giró en torno a este “continuo” de la atención del VIH. El problema está, expusieron varios panelistas, en que en cada una de esas fases el número de personas atendidas, como en cascada, va disminuyendo, de tal suerte que del total de personas que se calcula son portadoras del virus, al final de todo el proceso sólo la tercera parte logra realmente la supresión viral a niveles indetectables.

Uno de los problemas, expuso Chris Beyrer, de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins en Baltimore, radica en que los grupos de personas que soportan la mayor carga de la epidemia tienen, en contraste, muy poco acceso a los servicios de atención del VIH. Es en las poblaciones de hombres que tienen sexo con hombres, trabajadoras y trabajadores sexuales, mujeres transgénero, personas que se inyectan drogas y personas en prisión donde se están produciendo la mitad de las nuevas infecciones. “No vamos a controlar la pandemia de VIH sin mejorar los servicios para las poblaciones vulnerables”, concluyó el también presidente de la International AIDS Society.

Un ejemplo de que es posible mejorar los servicios para esas poblaciones lo mostró el Centro de Atención para Personas Transgénero desarrollado en la  Clínica Especializada Condesa por el Programa de VIH/Sida de la Ciudad de México. A seis años de su creación, según expuso la endocrinóloga Esmeralda Román, dicho Centro ha atendido a mil 187 personas transgénero a quienes se ofrece tratamiento hormonal sin importar su estado serológico, y tratamiento antirretroviral a quienes resultan positivas al VIH.

Universalizar la detección del virus

La ineficacia de los sistemas de salud es otro de los grandes escollos en el acceso a los servicios. ¿Por qué hay tanta diferencia en el desempeño entre instituciones de salud al interior de un mismo país?, preguntó Stefano Bertozzi, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de California. En México, por ejemplo, “hay clínicas que reportan que el 75 por ciento de sus pacientes iniciaron muy tardíamente (con menos de 200 células CD4) el tratamiento”, mientras otras reportan un mejor desempeño, expuso el especialista. “Estamos esperando a que lleguen los pacientes, pero no hacemos nada para ir a buscarlos”, agregó.

Una de las explicaciones de esta falla la expresó Víctor Dante Galicia, de la organización civil tapatía CHECCOS: “hay pocos centros de atención del VIH que están diagnosticando”. Y agregó, “en América Latina el testeo lo hace la sociedad civil, y lo hace como puede”. Víctor Dante ha desarrollado un modelo de ingreso y retención de personas recién diagnosticadas con VIH en la Clínica Especializada Condesa que ha logrado reducir el número de pérdidas de pacientes a 31 por ciento. En Estados Unidos, según Carlos del Río, de la Universidad Emory en Atlanta, esa pérdida representa el 50 por ciento de los pacientes diagnosticados con VIH. “Los sistemas de salud deben fijar su atención en la retención de sus pacientes”, recomendó.

Una solución, se dijo, es universalizar las pruebas de detección del virus. “Las pruebas se deben aplicar a todos los pacientes que llegan a los servicios de salud”, propuso Patricia Volkow, del Instituto Nacional de Cancerología, concordando con varias de las participaciones. Universalizarla tendría un impacto positivo en la reducción del estigma asociado a la enfermedad, secundó Pedro Cahn, de la Fundación Huesped de Argentina. Sin embargo, Andrea González, jefa del Programa de VIH/Sida de la Ciudad de México, advirtió que el problema no es saber cuántas pruebas se aplican sino determinar quién vincula a las personas seropositivas a los centros de salud. “En los proyectos del Fondo Mundial en América Latina se aplican miles de pruebas, pero quienes resultan positivos nunca llegan a los servicios”, cuestionó.

El ABC+D de la prevención

Las tres primeras letras del abecedario han guiado durante años la estrategia preventiva contra el VIH: A, de abstinencia, B de Be faitful (fidelidad) y C de condones. Sin embargo, esta estrategia ha sido insuficiente para detener la epidemia. Por lo que al ABC de la prevención hay que añadir ahora la letra D de drogas, debido a que los tratamientos contra el VIH han mostrado también una elevada eficacia preventiva, de tal suerte que una persona bajo tratamiento con carga viral indetectable puede reducir en 96 por ciento las posibilidades de transmitir el virus. De acuerdo con Carlos Beltrán, de la Universidad de Santiago de Chile, lo anterior se ha probado en varios estudios con parejas serodiscordantes: “el riesgo se reduce significativamente cuando la pareja seropositiva está bajo tratamiento”.

Otros estudios, añade el especialista, han demostrado que al aumentar el número de personas bajo tratamiento se disminuye a la par el número de nuevas infecciones por VIH. Sin embargo, esto no se cumple para todas las poblaciones. En las comunidades gay de Australia y de Estados Unidos no se han reducido las nuevas infecciones a pesar de dicho aumento. Por esta razón en esas comunidades es donde más se promueve la profilaxis pre exposición, conocida como PrEP, que consiste en ofrecer dosis menores de tratamiento a personas seronegativas en alto riesgo de infección. La eficacia preventiva de la PrEP dependerá de la adherencia lograda en la toma del tratamiento. Si se toman 4 tabletas a la semana se logra reducir 80 por ciento las posibilidades de infección, expuso Roy Gulick, de la Universidad Cornell de Nueva York.

Panelistas y expositores plantearon claramente cuáles son las barreras a vencer y qué se tiene que cambiar para lograr una mayor eficacia en la respuesta a la epidemia de VIH. Si algo quedó claro es que no se puede continuar haciendo lo mismo e ignorando todas estas evidencias presentadas en el evento, lo cual se verá en el próximo VIH en las Américas que se realizará de nuevo en la ciudad de México en abril de 2016, según anunció Juan Sierra Madero, co-presidente de este importante evento científico.

Fuente Acción Solidaria:  http://accionsolidaria.info/nuevo/el-vih-en-las-americas/ 

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