Muertes invisibles

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“Ella está muerta, su familia la mató”, me dijo al oído, señalándome a Mariuxi, quien bien parada en el podio agradecía a los presentes.


Cuando nació Mariuxi tenía granos en el cuerpo, por asco sus padres la regalaron a su abuela.

 

A los 7 años la recuperaron, pero nunca les dijo papá ni mamá.

 

A los 17, después de una paliza, pelaron unos cables de electricidad para castigarla, ese día huyó de casa.

 

Pasó tres noches en las calles, sin comer, sin dormir, sin bañarse, hasta que fue recogida por una señora que vivía en una casa de caña por el Vicente Rocafuerte. Quería estudiar, ser doctora, a cambio de trabajo; ella la envió a la escuela nocturna.

 

Años después, ya hecha de compromiso, se reencontró con sus padres y hermanas, pero las cosas no iban a mejorar: una mañana, embarazada, esperaba los resultados de un examen, en lugar de eso le comunicaron que tenía VIH. Horas después, en el mismo hospital, su esposo confesó que había sido infiel. Ambos estaban infectados y existía el riesgo de que su hijo naciera con la enfermedad.

 

Mariuxi sintió que el mundo se acababa una vez más.

 

El resto de su vida fue cayendo a pedazos; trabajaba de parvularia, pero tuvo que pasar a ser recicladora. La echaron por la enfermedad. En el barrio también se enteraron y tuvo que irse.

 

Volvió a la familia buscando apoyo, pero su padre la tomó del brazo, la llevó a la puerta y la lanzó afuera: “Estás muerta”, le dijeron. Luego echaron cloro al mueble donde se había sentado. Desde ese día le llevan flores al cementerio todos los meses.

 

Esa muerte invisible, paradójicamente, la hizo acercarse a la Fundación Vihda, donde la psicóloga y su equipo han sido un apoyo fundamental para salir adelante. Fue la misma fundación que la ayudó con el tratamiento para la prevención de la transmisión materno-infantil del VIH.

 

Hoy, en el caluroso centro de Guayaquil, sentado en un salón de la Fundación, presencio una ceremonia, pequeña, íntima, la graduación simbólica que certifica que su hijo y el de muchas otras mamás portadoras del virus están libres de VIH. La vida le devuelve la mano, por eso Mariuxi agradece desde el podio a esta organización que ha ayudado a cientos de mamás con VIH a través de un programa que conecta, además, al Ministerio de Salud, el Hospital Gineco-Obstétrico Enrique Sotomayor y la Universidad de Duke, pero que se sustenta principalmente en la fuerza de madres que por sus hijos pueden sobreponerse a los temores de la muerte física y la invisible: la discriminación. Que pueden sobreponerse a esa rabia social que pareciera decir: si tienes sida, te lo mereces.

 

En las redes nadie tiene una bandera con la cara de Mariuxi en su perfil de Facebook. Mientras, legítimamente, manifestamos nuestro apoyo a las tragedias del mundo, por esta vereda anónima del VIH, hay muchas personas que batallan diariamente contra la desinformación y los prejuicios. Contra una sociedad que mata más que la enfermedad. Afortunadamente están la Fundación Vihda y su gente, con las puertas abiertas, esperándolos como la familia que nunca los abandonará. (O)

 

 Fuente El Universo: http://m.eluniverso.com/opinion/2015/11/19/nota/5248770/muertes-invisibles  

 

SOBRE NOSOTROS

Somos una organización ciudadana sin fines de lucro que:

Lucha por detener la transmisión madre-hijo del VIH durante el embarazo, parto y lactancia.
Educa sobre qué es, cómo se transmite, cómo se previene y cómo se trata el VIH/Sida.
Promociona la realización y fácil acceso a pruebas voluntarias de VIH.
Asiste a personas viviendo con el VIH/SIDA a acceder a servicios médicos, psicológicos y sociales disponibles.