No soy un peligro por ser seropositivo, el VIH no se transmite si te tratas.

A esta joven lingüista le gusta mirar al futuro con optimismo. Tiene mucho carácter, confiesa, y eso le ha ayudado en más de una ocasión a superar obstáculos propios de la poca sensibilidad ciudadana con su situación

«No, no todo el mundo contrae el virus del sida en una relación sexual desprotegida. Yo nací con él, me diagnosticaron el VIH a los 9 años. Tengo 23 y me he encontrado con que la mayor parte del estigma procede más del desconocimiento de la sociedad que de una crueldad de la misma». Sara Delarco es lingüista. Por eso, define la palabra contagio con la precisión que da el diccionario: «Acción de transmitir una enfermedad a alguien a través del aire, el sudor...». Y eso no ocurre en el caso del virus del que hoy, 1 de diciembre, se conmemora un año más su Día Mundial.

Esta joven que nació con el virus porque sus padres eran portadores y lo ignoraban concede una trascendencia fundamental a esa información. Dar píldoras de conocimiento es lo que reclama a su vez Juan Ramón Barrios, presidente de Cesida e igualmente seropositivo y serodiscordante con su pareja, que no tiene el virus, como tampoco la pareja de Sara. Para Barrios, es absolutamente imprescindible implantar una asignatura de educación sexual en los colegios y esa es la petición al nuevo Gobierno, el que salga de las urnas el próximo 20 de diciembre. «La razón fundamental de los nuevos contagios es la escasa o nula educación sexual, que incluya prevención, salud sexual, identidad de género y otras cuestiones importantes, que se imparte a los jóvenes», advierte sin fisuras el presidente de la Confederación Estatal, que representa a más de 120 organizaciones dedicadas a fomentar la prevención y la sensibilización hacia el colectivo de personas afectadas en España. Desde Cesida también demandan a los partidos políticos un pacto de Estado de naturaleza intocable contra el VIH, su estigma y la discriminación derivada.

En la actualidad, y según el último dato aportado por el Ministerio de Sanidad la semana pasada, son 104.769 personas las que reciben tratamiento antirretroviral, tras ser diagnosticados por VIH. Entre 130.000 y 160.000 personas conviven con el virus, de las que casi un tercio, un 30%, desconocen que lo tienen y no están diagnosticadas. «El diagnóstico precoz evitaría esta bolsa oculta de personas que tienen VIH -demanda Barrios-. Seguimos en la misma batalla de siempre, reclamar educación, recursos... porque el número de nuevas infecciones lejos de reducirse, se ha incrementado y de manera preocupante entre los menores de 35 años». De hecho, según las cifras, el 84,7% de los nuevos diagnósticos el año pasado eran hombres con una media de edad de algo menos de 35 años. «Para ello -demanda el presidente de Cesida- se necesita inversión y presupuesto, y en los últimos cuatro años, con el actual Gobierno, se ha recortado la partida de cuatro millones de euros que se destinaba a prevención y asociaciones del sida en 2012 a 1,5 millones de euros este año». Por completar la radiografía del virus hoy día, casi el 50% de los nuevos casos de VIH en 2014, que se elevaron a 3.366, recibieron un diagnóstico tardío, uno de los problemas más acuciantes de la enfermedad ahora mismo en nuestro país.

Se ignora el virus y sus efectos

En la declaración testimonial de Sara la joven apunta otra clave: el estigma que envuelve todavía a un virus que provocó la alarma global en los ochenta no obedece en buena parte al afán destructivo de una ciudadanía atroz que quiera ofender, sino más bien a que se ignoran los efectos del VIH y a cómo vive hoy, siendo tratado con fármacos, un seropositivo, sin ningún tipo de consecuencia ni efecto sobre los demás. «En mi entorno más próximo lo sabe todo el mundo. Con mi pareja lo único que me condiciona es el tratamiento, saber que tengo que ser tratada, pero nada más, ni en mis relaciones íntimas, en las que jamás he dejado de usar preservativo», comenta Sara, que sí recuerdas algunas manifestaciones de rechazo que debió encarar años atrás: «Ofensas que haya recibido recuerdo, por ejemplo, las de un profesor que me dijo en una revisión de examen que "tendría que dar gracias por seguir matriculada y recibir clases en un centro".

Lo que suele ocurrir es que si la persona tiene baja la autoestima, que suele ser así, escuchar esto te hunde, pero yo sé que no soy un peligro y a quien diga que lo soy, si quiere le informo de todo, y si no, se quedará como está. Hago caso omiso, no soy un peligro para la sociedad». «Cuando he dicho que tengo VIH a algunos chicos, también han reaccionado mal y he visto que no eran las personas con las que podría compartir mi vida. Porque quien me quiere, lo sabe y no tiene una actitud de rechazo. Incluso usando el humor negro, a veces mis amigos me han dicho "como les hables así, tan honestamente, los vas a espantar"», bromea esta joven lingüista.

En esa educación que reclama Barrios entraría la difusión de aspectos cruciales como que una persona en tratamiento no transmite el virus, algo que le sucede a Sara, por ejemplo.

Tres generaciones del sida y el VIH

Juan Ramón y Sara encarnan dos edades del sida. Los de diagnóstico dilatado, los que nacieron con el virus, y el tercer salto generacional del sida estaría representado por los que acaban de recibir la noticia. Juan Ramón tiene 56 años, ha convivido desde hace casi tres décadas con el virus. Cuando lo comunicó en su trabajo, en 1995, le despidieron y después recibió una pensión por invalidez. «Hay personas que piensan que no va con ellos la cosa, pero el mensaje a lanzar es: ¿quién no ha tenido alguna vez una relación sexual sin protección? Hay que cuidarse y prevenir», dice en conversación con ABC. Lo peor de lo que están viendo desde Cesida es las prácticas de riesgo asociadas con el consumo de sustancias recreativas. Jorge del Romero, de la Clínica madrileña Sandoval, alerta a Cesida de que el 71% de las nuevas infecciones son diagnósticos del VIH relacionados con sustancias como la mefedrona (de tipo estimulante, también conocida como «comida como cáctus»).

Del Romero y Barrios repiten, como el lema otrora tan popular: «Igual que si no bebes no conduzcas; si hay consumo de drogas, no tengas relaciones sexuales». «Esta patología, a diferencia de otras, no es fácil de llevar porque cuenta con un grado de xenofobia en el ámbito laboral que no se produce en otras; tampoco se ve a simple vista como otras enfermedades. Por lo general, la gente está mal informada», reprueba Sara, quien dice haber forjado un carácter a prueba de bombas por ese diagnóstico que supo con solo 9 años. Barrios completa que Cesida tiene una estrategia fundamental con la que trabajan sin denuedo día tras día: «En 2020 se debe producir la estrategia 90-90-90: conseguir que el 90% de las personas que lo tienen sean diagnosticadas; que de ellas, el 90% tenga tratamiento; y que el 90% de ellos lo hagan con carga viral indetectable, que se sepa que una persona en tratamiento no transmite el virus».

Fuente ABC: http://www.abc.es/sociedad/abci-no-peligro-seropositivo-no-transmite-si-tratas-201511301735_noticia.html 

SOBRE NOSOTROS

Somos una organización ciudadana sin fines de lucro que:

Lucha por detener la transmisión madre-hijo del VIH durante el embarazo, parto y lactancia.
Educa sobre qué es, cómo se transmite, cómo se previene y cómo se trata el VIH/Sida.
Promociona la realización y fácil acceso a pruebas voluntarias de VIH.
Asiste a personas viviendo con el VIH/SIDA a acceder a servicios médicos, psicológicos y sociales disponibles.