"Soy feliz y vivo con VIH": testimonios positivos de personas

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El virus es un riesgo latente al que estamos expuestos todos los que tenemos una vida sexual activa. Aquí los testimonios de personas que han aprendido a vivir con VIH.

Gabriel tiene 26 años, la piel morena, los ojos traviesos y la sonrisa amplia. Nadie que se lo cruce en la calle pensaría que tiene VIH. A él ser portador le ha enseñado a llevar una sexualidad más cuidadosa. “A mí me encantaba el sexo antes y me encanta el sexo ahora. Ahora soy más responsable y eso hace toda la diferencia”.

Como suele suceder en casi todos los casos, es el desconocimiento lo que lleva a que quienes tienen VIH sean estigmatizados, señalados y discriminados. Comenzando por la confusión que existe entre VIH y SIDA. Para aclarar, el primero es un virus que ataca el sistema inmunológico humano, hasta que eventualmente aparece la afección médica conocida como SIDA donde el sistema inmune es demasiado débil para combatir infecciones comunes. El VIH no se transmite por besos, abrazos o caricias. Tampoco se contagia por masturbación mutua, ni por compartir espacios de trabajo, vivienda, estudio o utensilios con la persona portadora.

El rechazo, sin embargo, no solo viene de afuera, sino de adentro. El hecho de que el virus no tenga cura permanente lo liga de manera inevitable con la muerte y lleva que sus portadores, por lo menos en un principio, a ver su propia vida desvanecerse ante sus ojos. Gabriel tenía 25 años cuando su prueba salió positiva y sintió que su vida acababa: “Cuando me enteré de que era (VIH) positivo sentí miedo, angustia, desespero y mucha vergüenza. Pensé que eso era todo, que me iba a morir”.

Contrario a lo que muchos pueden pensar, el virus no ataca solamente a las personas promiscuas, es un riesgo latente al que estamos expuestos todos los que tenemos una vida sexual activa. “Uno piensa que eso le pasa a las mujeres ‘terribles’, a las prostitutas, a los homosexuales, a esas personas que tienen una vida muy libertina, pero no a uno”, cuenta Rosmery, en testimonio para PROFAMILIA.

Hace 14 años ella es VIH positivo. Como muchas otras personas con el virus, Rosemery tuvo una pareja estable durante mucho tiempo. Duró ocho años con el mismo novio, su único compañero sexual, con quien eventualmente se casaría. “Yo delegué el cuidado de mi sexualidad y de mi salud a mi pareja. Quizás el amor que sentía por él no me permitió percibir el riesgo”.

Informar a las exparejas, compañeros actuales y potenciales no es asunto sencillo. 
Según la psicóloga Andrea Gómez, miembro de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, muchos portadores no lo hacen, no por maldad sino por miedo al rechazo. ¿La alternativa que toman? Cerrarle las puertas a la sexualidad. 

El tiempo que todo lo sana, contar con asesoría permanente y los avances médicos en los tratamientos del VIH hacen que la mayoría de los portadores eventualmente recuperen la confianza, se reafirmen en sus deseo de vivir y entiendan que pueden llevar una vida normal, incluyendo una sexualidad plena. “Esto no me ha cambiado la vida. Por el contrario, se vive con mayor intensidad, con sueños. Vivir con el virus no nos limita, es una decisión que nos cambia la vida, pero debe cambiarla para bien”, afirma Rosmery, quien además es mamá de una pequeña de tres años. “Soy mujer, soy feliz y vivo con VIH”.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) hasta la mitad de las parejas que son VIH positivas están en una relación a largo plazo con una persona que no porta el virus. A estas parejas se les conoce como serodiscordantes. Godfrey y paulina Mtonga, de Lusaka. Zambia, llevan 32 años juntos, 18 de los cuales Godfrey ha vivido como VIH positivo. ¿Su consejo para otras parejas en su situación? “Si les da positivo, sigan queriéndose y tomen los medicamentos puntualmente. Nosotros hemos vivido como pareja serodiscordante durante los últimos 18 años porque nos apoyamos”.

Tomar la decisión de mantener o no una relación después de que el resultado de VIH salga positivo es personal y no siempre fácil. Mantener una vida activa, feliz y sexualmente plena es, sin embargo, posible para aquellos portadores que elijan hacerlo. Primero es importante apropiarse del cuidado individual de la salud. No es responsabilidad exclusiva de los hombres cargar preservativos y la estabilidad en una pareja no es una malla de seguridad a prueba de contagio. El condón, femenino o masculino, sigue siendo el único método que previene efectivamente el contagio del VIH hasta en un 98%.

Una de las mayores pruebas de amor y confianza es hacerse el examen de VIH juntos, de manera rutinaria, cada seis meses. Sí, porque “uno nunca sabe” y el amor, desafortunadamente, no es a prueba de todo. La comunicación franca y amorosa entre la pareja es primordial antes y después de un resultado positivo, como es su derecho también decidir si quieren o no continuar la relación. Buscar asesoría psicológica y grupos de apoyo ayuda a navegar los altibajos que implican recibir la noticia de que uno de los dos (o ambos) es VIH positivo.

Fuente UNIVISIÓN: http://www.univision.com/estilo-de-vida/sexo/soy-feliz-y-vivo-con-vih-testimonios-de-gente-que-vive-plenamente-con-el-virus 

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